“¿Hablan en serio?”, preguntó el editor jefe de Ladies’ Home Journal (Diario Hogareño de las Damas) tras haber escuchado a todas esas chicas metidas en su despacho. Ladies’ Home Journal era una revista femenina que existía desde 1883, solía tener fotos de novias vestidas de blanco en sus tapas y vendía más de seis millones de ejemplares por mes; además, había sido un medio ideológico privilegiado por el gobierno para mandarles mensajes a las amas de casa en los años 50 con una premisa muy, muy clara: por sobre todo, había que saber cuidar a los maridos.

Varios grupos de activistas feministas habían decidido tomar las oficinas de la revista en la ciudad de Nueva York.  E invadieron el lugar. Se presentaron ante el editor jefe y le explicaron que no pensaban irse hasta que no respondiera a una serie de reclamos.

Entonces, le dijeron que exigían que la revista dejara de publicar publicidades que degradaban a las mujeres y fomentaban su explotación, que dejara de publicar artículos relacionados con las publicidades, que la revista contratara a una editora jefa y a más mujeres para escribir las columnas, que también contratara a personas no blancas en proporción a la población de los Estados Unidos, que se habilitara un lugar para una guardería y que se eliminara la columna titulada “¿Se puede salvar este matrimonio?”, un consultorio sentimental administrado por un consejero varón, que respondía las consultas de las parejas y brindaba las supuestas soluciones, privilegiando a los esposos y bregando por la continuidad del matrimonio.

Florencia Abbate

Florencia Abbate

A grandes rasgos, las activistas acusaban a la revista por su enfoque en la belleza femenina y el trabajo doméstico; y objetaban el control masculino del contenido editorial y publicitario y la forma en que el consejo editorial —en su mayoría compuesto por varones— representaba a las mujeres.

Entre otras cosas, mencionaron que la revista fingía que no existían las madres sin marido y que nunca se hablaba de temas importantes como la sexualidad de las mujeres o la guerra de Vietnam.

El editor parecía azorado, quizá se preguntara si todo eso no sería más que un mal chiste. Pero las activistas ya se habían instalado a esperar una respuesta y, mientras tanto, se decidieron a empezar a crear lo que titularon El Diario Liberado de las Mujeres.

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